Perdón de Dios

    • Historia

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    • Perdón de Dios

      Prólogo
      En un mundo donde el verdadero poder únicamente se puede obtener sacrificando a las personas, los héroes han de entrar en escena. Y siempre lo harán desde los lugares más inverosímiles.

      La historia comienza en... ¡bueno! Nadie sabe cómo se llama en realidad. Los humanos lo apodan "El reino de los cielos".


      ???: ...y... ¡terminado! ¿Puedes oírme?

      ????: ...?
      Una figura deslumbrante se posaba frente al chico, que se veía aturdido.

      Tilith: Bienvenido a este mundo, Henir. Soy Tilith, creadora de todo lo existente. También de ti, claro. ¿Puedes hablar?

      Henir: ¿Qué es...?

      Tilith: Habrá que trabajarlo. Aunque tienes una voz potente, justo como quería. Lamento todo este panorama. ¿Entiendes bien todo lo que digo? Si es así, es que estás preparado.

      Henir afirmó.

      Tilith: ¡Maravilloso! He de admitir que eres la segunda creación a la que he otorgado ciertas características, no sabía si me saldría bien. Deja que te explique todo... Mi reino se está viendo superado por una extraña organización. Desconozco los datos de ésta. Sin embargo, sé lo que traman. Todas las criaturas de este mundo tienen una energía interna; el Poder de la Resonancia. Esta organización ha logrado diseñar una máquina capaz de extraer la resonancia de los seres vivos, acumulando más y más energía. Pretenden alcanzar un nivel de fuerza suficiente para atacar a este lugar, mi Reino de los Cielos. Tú serás mi ayudante para frenar todo esto.

      Henir miraba a Tilith, sin entender muy bien lo que estaba pasando.

      Tilith: Ahí abajo, en el reino mortal, tienes dos "hermanos". Ambos están trabajando de cara al problema, pero tu camino será distinto. Te enviaré al continente de Vilanciel. Tu periplo comenzará allí. Quiero que ganes cierta confianza con esta chica de aquí...

      Tilith usó sus poderes de telepatía para transformar sus visiones en imágenes que se proyectaban directamente en la cabeza de Henir. Las visiones señalaban a una chica que parecía estar entrenando con la lanza.

      Tilith: Ella es Lynthia. Necesito que la acompañes en su viaje, así que asegúrate de ganarte su confianza.

      Henir: Espera. ¿Qué tiene de especial esta chica para que alguien creado a conciencia por la Diosa tenga que acompañarla?

      Tilith: Verás... no. Es mejor que lo veas por ti mismo. ¡Adiós, Henir! Ah... una cosa más. Intenta no entrar en contacto con los humanos durante demasiado tiempo. Recuerda que tú te verás como uno, pero tu Poder de Resonancia sigue siendo infinitamente superior al suyo. Un contacto prolongado podría enfermarlos de gravedad.

      Tilith comenzó a cargar algún tipo de magia, que hizo que Henir se desvaneciera de ese lugar.

      Henir apareció en una cascada, precipitándose por ella y llegando a lo que parecía ser el río de un pueblo.

      Henir: (Esto es... ¿dolor? Ay... Menuda forma de empezar, oye.)

      El enviado de la Diosa salió del agua como pudo, mientras era observado por todas las personas del pueblo.

      Anciano gruñón: ¡Hay que ver...! ¿A dónde vas, jovencito? ¿A quién se le ocurriría saltar de una cascada como esta? ¡¡Estos jóvenes de hoy en día...!!
      El anciano se dio la vuelta y se fue, recitando una lista interminable de despectivos no muy graves.

      Con todo el escándalo que se había formado, Lynthia dirigió su mirada hacia la cascada y fue a ver qué ocurría.

      Anciana agradable: No hagas ni caso, joven, a eso lo llamo yo un aterrizaje con estilo... je,je. No es la mejor manera de llegar, pero bienvenido a Paso del Ave. No es un pueblo con mucha fortuna, como puedes ver. Debes haber cogido frío, ven a por un...-

      Lynthia: ¿Qué diantres es todo este escándalo? Ah, ya veo. Vagabundos otra vez, ¿eh? ¡Largo de aquí, no hay nada que ofreceros!

      Henir: Oye, que no es mi culpa.

      La anciana intentaba hablar, pero era interrumpida constantemente.

      Lynthia: ¡Jajaja! ¡¡CLARO!! ¡¡¡LA CASCADA APENAS SE VE!!! ¡VALE! Demuéstranos que no eres un vagabundo, dinos tu nombre.

      Henir: ¿Para qué quieres saber mi nombre?

      Lynthia: En Paso del Ave tenemos un listado de nombres de vagabundos, los lleva ese anciano gruñón de allí.

      Henir: Vaya, qué sorpresa. Me llamo Henir.

      Anciana agradable: ¿Henir...?
      La anciana se fue, con cara de enfado.

      Lynthia: ¿Henir? Es nombre de vagabundo. Mira, entiendo que te hayas podido hacer daño, así que quédate un rato ahí tirado pero sin hacer mucho ruido. Después te vas, ¿capisci?

      Henir: (Esto va a ser difícil...)

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    • Capítulo 1: Un nuevo comienzo


      Henir: (¿Y se supone que he de hacerme amigo de esta chica? Hmm...)

      Henir se levantó y se quedó absorto en sus pensamientos. Todos se habían ido, excepto una niña que se quedó mirándolo.

      Faris: ¡Hola! ¡Me llamo Faris!

      Henir: ¿Qué haces hablando conmigo? Te castigarán.

      Faris: No... no te preocupes. Mi familia no te trataría así.

      Henir: Menos mal... hay que ver. Que una niña pequeña sea la que más valores tenga de todo el pueblo...

      Faris tendió su brazo para darle la mano a Henir.

      Henir: ... (Si la toco durante mucho tiempo, algo malo ocurrirá)

      Henir le correspondió el saludo, pero rápidamente apartó la mano. Faris parecía sentirse ofendida.

      Henir: Disculpa, ¿podrías decirme dónde estoy...?

      Faris: Estás en Paso del Ave, un pueblo que pertenece al continente de Vilanciel. Vivimos muy tranquilos, ya que nadie se preocupa de lo que pasa en el resto del mundo. El mundo tampoco se preocupa de lo que nos pasa a nosotros, así que... jaja. Vivimos aislados.

      Henir: ¿Podrías contarme algo acerca de Lynthia?

      Faris: Ah... Lynthia es como la dueña de este lugar. Me llevo muy bien con ella. Le tenemos que dar las gracias día tras día, sin ella, este pueblo y el continente de Vilanciel no sería lo mismo.

      Henir: ¿A qué te refieres?

      Faris: Una vez, intentaron raptarla para robarle el Poder de Resonancia. Consiguió derrotarlos gracias a su dominio de la lanza combinado a la Resonancia, e hizo un pacto con ellos.

      Henir: ¿Un pacto con ellos?

      Faris: Sí. Les propuso que no tocaran este pueblo a cambio de que ella nunca causara problemas en su bando.

      Henir: Imperdonable. Deberíais unir las fuerzas con el resto del mundo para derrotarlos.

      Faris: Será mejor que no digas eso en voz alta, cualquiera que te oiga te atacará. Los forasteros no son bien recibidos aquí. Por tu forma de vestir no pareces un vagabundo, pero cualquier desconocido aquí no es bienvenido. Bueno, tengo que irme a casa, está anocheciendo. Será mejor que te vayas, o puedes esperar a que lleguen mis padres, quizá te dejen quedarte a dormir hoy. ¡Hay carne de minotauro para cenar!

      La niña se marchó corriendo.

      Henir: (Es una información interesante, sin duda alguna)

      Anciana agradable: ¿Aún estás aquí...?

      Henir: Ya me voy, no hace falta que sigáis persiguiéndome con la mirada.

      Anciana agradable: Espera, necesito pedirte algo, joven... Está anocheciendo, y los padres de la cría aún no han vuelto de cazar... Comienzo a estar preocupada, pero los años no pasan en balde... Tú pareces ser bastante fuerte, ¿podrías ir a mirar? En teoría iban a cazar al minotauro de la cueva.

      Henir: Lo haré, pero solo porque sé que ellos son gentiles, no como la gran mayoría de este lugar.

      Henir se marchó sin dirigirle una sola mirada más a la anciana, dirigiéndose al bosque que se encontraba en las afueras del pueblo.

      Henir: (No me gustaría manchar la ropa. No me gusta la maleza de este sitio... es tan molesta.)

      Henir pudo ver la entrada a una gruta que parecía estar iluminada con magia de fuego. Decidió adentrarse.

      Henir: ¿Hola? ¿Hay alguien? ¡Hora de volver a casa!

      Un rugido se escuchó en las profundidades, acompañado de unos llantos.

      El enviado de la Diosa, al avanzar un poco más, se encontró con un muro invisible. Al ver lo que había al otro lado, se quedó petrificado.
      Eran dos personas malheridas. De hecho... un cuerpo ya yacía sin vida.

      ???: ¿Quién eres...?

      Henir: ¡Dejadme pasar! ¡Algo se acerca!

      ???: No puedo dejarte pasar... no debe morir más gente... por favor, avisa a la gente y cuidad de Fari-...

      Un minotauro apareció de ninguna parte, parecía estar furioso.

      Henir: No. Esto no es normal... su resonancia... ¿es oscura?

      El minotauro arremetió contra el muro invisible que el padre de Faris había invocado, agotando así sus últimas reservas de Resonancia, quitándole la vida.
      El muro había implosionado, y para cuando Henir pudo darse cuenta, la bestia ya había salido de la cueva.

      Henir: Esto no pinta bien...

      Henir decidió salir tras él. Odiaba a los pueblerinos de Paso del Ave, pero internamente quería ayudarlos. Fue así como el enviado de la Diosa descubrió las emociones, y comenzó a sentirse más humano.

      Gracias a la Diosa, Henir pudo llegar antes que el minotauro al pueblo debido a las características que la Diosa había depositado en él. Al oír el rugido del minotauro, todo el mundo salió de su casa.

      Anciano gruñón: ¿¿¿¿¿Qué diantres has hecho?????

      Anciana agradable: ¿Dónde están los padres de Faris...?

      Henir: ¡Quedaos atrás! ¡No deis ni un paso más!

      Pueblerino 1: ¿Qué hace el minotauro aquí?

      Pueblerino 2: ¡Nos has condenado!

      Tilith: (¿Henir? ¿Puedes oírme?)

      Henir: (¿Tilith?)

      Tilith: (Usa tu Poder de Resonancia para protegerlos. ¡Es una oportunidad de oro para ganarte su confianza! ¿Ves la pulsera que llevas en la mano derecha? Tiene el poder de la proyección. ¡Sólo vislumbra un arma y proyéctala!)

      Lynthia: ¡Maldito vagabundo! ¡Te dije que te marcharas!

      Henir: Si me vas a insultar, que sea después. Ahora tenemos que hacer algo con este bicho.

      Henir siguió los pasos que Tilith le había indicado, y consiguió proyectar una lanza.

      Pueblerino 3: ¿Eso es... magia de proyección?

      Lynthia: ¿¡Qué es eso!?

      Henir: Aquí viene.

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    • Capítulo 2: Las emociones de un enviado divino


      Henir se encontraba en una encarnizada batalla con la bestia, cuando Faris decidió salir a ver qué ocurría.

      Al salir, vio varios árboles caídos cerca de su casa, pero lo que más le sorprendió fue...

      Faris: ¿Eh...? ¿Mi cena? ¿Forastero? Pero... ¿qué hace aquí el minotauro? ¡F-forastero!

      Lynthia: ¡Faris, vuelve a casa!

      Henir pudo oír la voz de la chica en la lejanía. Los remordimientos de haber visto morir a sus padres y no haber podido hacer nada por evitarlo, comenzaron a hacerle preso.

      Henir: ¿Faris...?

      El minotauro, herido, aprovechó ese momento para arremeter al enviado de la Diosa.

      Henir: ¿Cómo se supone que le contaré esto...?

      Faris: ¿Dónde están...?

      Lynthia se dirigió directamente a Henir.

      Lynthia: Lo peor de todo no es lo que está ocurriendo, lo peor de todo es que tengo la sensación de que sabes perfectamente por qué está sucediendo. Me pones de los nervios, maldito vagabundo.

      La bestia comenzó a expulsar un resplandor violeta provenientes de los cuernos. Tras esto, dirigió su mirada al hogar de Faris.

      Anciano gruñón: ¡¡NIÑA!! ¡¡APÁRTATE DE AHÍ!!

      Lynthia: ¡Faris! ¡Han venido a por eso!

      Faris: ¿Eh...?

      La niña no podía reaccionar, pues ya se hacía una idea de lo que había pasado con sus padres.

      Anciana agradable: No me lo puedo creer... ¿tan pronto?

      Lynthia corrió hacia el hogar de Faris y se colocó en la entrada utilizando su lanza para crear un campo defensivo, tratando de evitar que el minotauro lograra pasar.

      Henir se levantó como pudo.

      Henir: (Faris... Lo siento. No sé qué es lo que tenéis que proteger, ¡pero esta es mi manera de pedir perdón!)

      Tilith: (Ve.)

      Henir pudo sentir la presencia de la Diosa con él, y eso le fue de mucha ayuda para proyectar una daga.

      Lynthia observaba de reojo mientras mantenía el escudo.

      Pueblerino 3: Definitivamente...

      Henir: Estúpida bestia. Tú.... ya no existes.

      Tras tanto rato de pánico, Henir logró apuñalar a la bestia, arrebatándola la vida instantáneamente.

      Lynthia quedó boquiabierta.

      El minotauro se desvaneció; volviendo a ser polvo de resonancia. Sin embargó, una esfera oscura permaneció en ese mismo lugar.

      Henir: Esto es lo que provocaba el comportamiento tan destructivo de la bestia.

      Faris reaccionó, y se lanzó encima de Henir, agarrándolo con excesiva fuerza para tratarse de una joven. Parecía tener lágrimas en los ojos...

      Faris: ¿Qué le has hecho a mis padres? ¡Contesta, forastero!

      Henir: ¡Faris, suéltame!

      La joven no hizo caso.

      Henir: ¡FARIS!

      Los ojos de Henir iban tornándose de un color turquesa, cada vez más rápido.

      Lynthia: ¡Oye!

      Henir: ¡Para!

      Faris cayó desmayada cuando los ojos de Henir brillaban intensamente.

      Anciana agradable: ¿¡Qué has hecho!?

      Lynthia apartó a Henir de un empujón.

      Anciano gruñón: ¡¡OYE, OYE!! ¿QUÉ LE HAS HECHO A LA CHIQUILLA? YA ME OLÍA YO QUE TÚ Y LA BESTIA ESTABAIS COMPINCHAO'.

      Pueblerino 4: ¿Es eso cierto?

      Henir: ¡Claro que no!

      ???: Bueno, bueno. Creo que va siendo hora de arreglar todo este escándalo.

      Anciano gruñón: Ahí va, el alcaide...

      Aaron: Encantado de conocerte, forastero. Mi nombre es Aaron. Creo que tenemos cosas de las que hablar. Por favor, ven conmigo. Lynthia, encárgate de llevar a Faris a su cama.

      Henir obedeció y fue a casa del Alcalde de Paso del Ave.

      Aaron: Bueno, Henir, ¿verdad?

      Henir: Sí.

      Aaron: He de admitir que no me gusta nada lo que está sucediendo. Para empezar, apareces aquí, sin motivo aparente y de ninguna parte, tirándote por la cascada. Tampoco sabes de dónde vienes ni a dónde vas. Tu aparición ha traído un minotauro con... ¿resonancia oscura? Y casualmente apuntaba a la casa de Faris.

      Henir: ¿Qué hay en casa de Faris?

      Aaron: No es de tu incumbencia, por el momento. Mira... lo siento, pero tienes que irte, ¿de acuerdo? Vilanciel es muy tranquilo y queremos que siga así.

      Henir: No puedo irme... yo quiero...

      Aaron: No me importa lo que tú quieras. Por favor, márchate.

      Henir: Antes quiero ver a Faris.

      Aaron: Lo harás, bajo la condición de que vayas acompañado de Lynthia.

      Henir: Está bien...

      Henir se dirigió a casa de Faris y le explicó la situación a Lynthia, la cual, sorprendentemente, entendió lo que ocurría y dejó pasar al enviado.

      Henir: ¿Faris...?

      Faris: Vete. No quiero verte.

      Henir: Faris, lo siento. Fue todo muy rápido... Intenté ayudarlos, pero tu padre había creado un muro invisible. Yo no p... no pude...

      Henir sabía que había descubierto las emociones. Esto se podía observar en sus mejillas. Lágrimas comenzaban a recorrerlas.

      Faris: No, no me creo que mi papá hiciera eso. Qué tontería. ¿Cómo saldría luego?

      Henir: Lo hizo para proteger al pueblo, Faris. Él sabía que de ahí no saldría...

      Lynthia: Suficiente, Henir. Márchate ya.

      Henir: ...

      Henir se dio la vuelta, y se disponía a marcharse. Pero de repente, algo comenzó a brillar bajo la almohada de Faris.

      Lynthia: (Así que...)

      Henir: ¿Qué? Ahora no he hecho nada... ¿Por qué me miras así?

      Lynthia: Quédate aquí. Voy a llamar a Aaron.

      Faris: (¿Henir es...?)

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    • Capítulo 3: El colgante del Firmamento



      El alcalde fue a toda prisa a casa de Faris, acompañado de Lynthia, quien le explicó lo que sucedía durante el camino.

      Henir: ¿Qué es esa luz?

      Faris: Henir... no me lo puedo creer. ¡Siento haber dudado de ti!

      Aaron: *huff, puff* *Ah...-* ¡Santo cielo! ¡Es cierto!

      Lynthia: Creo que esto lo deja bastante claro, ¿no crees? Definitivamente el colgante tiene poder.

      Henir: ¿Me podéis explicar qué es todo esto?

      Lynthia: Lo que está brillando es un colgante. Es una posesión de la familia de Faris que ha permanecido aquí durante eones.

      Henir: ¿Y por qué brilla?

      Lynthia: Bueno, digamos que tiene una función especial.

      Henir: ¿Y es?

      Faris: En teoría brilla cuando hay gente muy pura cerca de él.

      Henir: Entonces debería brillar siempre teniéndolo tú.

      Faris: Eh... Bueno, puede que no sea del todo pura.

      Aaron: El único que lo sabe todo acerca del colgante es el Sabio Daniel, de Lanara.

      Henir: ¿Lanara?

      Lynthia: Lanara es la ciudad que se encuentra justo al cruzar el campo.

      Aaron: Ahora que lo dices...

      Henir: ¿Si?

      Aaron: Oye, hay una manera de compensarnos.

      Henir: ¿Y cuál es?

      Aaron: Ha llegado a mis oídos que en Lanara están sucediendo cosas extrañas. Ha aparecido mucha gente sospechosa de repente. También me gustaría saber qué esconde ese colgante. Irás con Lynthia.

      Faris: Sí, por favor, Henir. Yo también quiero saber qué esconde este colgante.

      La chica se levantó despacio de la cama y le entregó el colgante a Lynthia. Seguía brillando.

      Henir: Está bien.

      Todos descansaron lo que quedaba de noche, y por la mañana ambos partieron en dirección al este, donde se encontraba Lanara. Durante el camino, Henir y Lynthia dialogaron de vez en cuando.

      Lynthia: Oye... Creo que tengo que darte las gracias por habernos ayudado a derrotar a esa bestia. Sin tu ayuda seguramente habría terminado peor.

      Henir: Deberíais ser algo más permisivos con los forasteros.

      Lynthia no respondió.

      Cuando avanzaron un poco más, observaron que había una enorme grieta en el suelo.

      Lynthia: ¿¡Qué diantres es esto!?

      Henir: ¿No estaba ya esta bajada tan abrupta?

      Lynthia: ¡Claro que no!

      Henir: ¿Y ahora cómo pasamos?

      Lynthia: ¿Puedes proyectar arcos?

      Henir: Puedo intentarlo...

      Lynthia: No le cuentes a nadie lo que vas a ver.

      Henir proyectó un arco.

      Lynthia comenzó a acumular algún tipo de energía. Sus ojos se iban tintando de un color carmesí, hasta que creó un muro de color rojo.

      Lynthia: Ahora, carga una flecha y dispara justo en medio del muro.

      Henir obedeció.

      Cuando la flecha impactó en el muro, una fiesta de colores tuvo lugar.

      Henir: ¿Qué demonios...?

      Lynthia: Es un puente de luz. Generalmente no dura más de 2 días.

      Ambos cruzaron el puente, Henir estaba muy sorprendido. Las capacidades mágicas de Lynthia estaban superando sus expectativas.

      Justo antes de que llegaran a Lanara, se cruzó un individuo encapuchado y los frenó.

      Lynthia: Esto... ¿hola?

      ???: Entonces... esa combinación de colores era vuestra.

      Henir: ¿Disculpa?

      ???: ¡Eh! Tú... así que volvéis a las andadas. Sois muy pesados. Pero no importa. Pronto, todo lo que hay ahí arriba será destruido. ¡Y tú con ello!

      El individuo se marchó, dejando escapar una risa bastante siniestra.

      Lynthia: ¿A qué se refiere?

      Henir: No lo sé.
      (Se refiere al Reino de los Cielos?)

      Lynthia: Hm, qué más da. Locos hay en todos lados, incluso aquí.

      Al entrar en Lanara, preguntaron dónde vivía el Sabio Daniel. Los ciudadanos no parecían muy alegres al ver más gente paseando por sus calles. Los rumores eran ciertos.
      Tras un sinfín de preguntas, dieron con la casa del sabio y tocaron a la puerta.

      La puerta se abrió. A diferencia de lo que predican los clichés, ¡no tenía barba!

      Sabio Daniel: ¿Si?

      Lynthia: Disculpa, ¿tienes un momento? Hemos venido con la intención de enseñarte una reliquia.

      Sabio Daniel: ¿Una reliquia? ¡Siempre hay tiempo para descubrir cosas! ¡Adelante!

      Los tres pasaron y tomaron asiento. Una señora que aparentemente era la esposa del Sabio les sirvió unas galletitas. Tenían forma de dinosaurios, Henir no sabía lo que eran esas extrañas criaturas.

      Sabio Daniel: Bueno, cuéntame.

      Lynthia: Verás, desde hace eones, una familia del pueblo de Paso del Ave tiene un colgante que guardan con mucho cuidado. Siempre nos hemos preguntado para qué servía. Hasta que hace dos días, apareció este chico. Cuando él está cerca del colgante, brilla tal que así...

      Lynthia sacó el colgante, y efectivamente, estaba brillando.

      Sabio Daniel: ¡Pero si es...!
      El sabio se arrodilló.

      Henir: ¿...?

      Lynthia: ¿Señor?

      Sabio Daniel: Mujercita, ¡eso es el Colgante del Firmamento!

      Lynthia: ¿Colgante del... firmamento?

      Sabio Daniel: ¡Es un colgante divino...! Su función en la antigüedad era brillar cuando había seres d-divinos cerca... Ángeles...

      Henir: ¡...!

      Lynthia: ¿Cómo? ¿Insinúa que Henir es...?

      Sabio Daniel: ¡Estamos frente a un ángel, señorita!

      Lynthia se quedó en shock.

      Henir: Esto debe ser un error...
      (No sé qué debería hacer ahora.)

      Lynthia: ¿Henir...?

      De repente, se escuchó un gran ruido en las calles.

      Henir: ¿Qué ha sido eso?

      Sabio Daniel: ¡Oh!

      Lynthia y Henir salieron de la casa del sabio.
      El panorama era...

      ???: JAJAJAJA, ¡¡VENID, SUCIAS RATAS!!

      Una gran máquina estaba postrada en medio de la ciudad, un aura oscura de tamaños inverosímiles se cernía sobre ella, arrastrando a todo ser que poseía resonancia.

      Lynthia: ¿QUÉ ESTÁS HACIENDO? ¡ESTO ES VILANCIEL!

      Lynthia salió corriendo a por la persona que estaba encima de la máquina.

      Henir: ¡Lynthia, espera!

      Algunas personas estaban logrando escapar, sin embargo algunos no corrieron la misma suerte.

      ???: ¡OHHHHHHHH! ¡¡SOLO FALTA UN POCO MÁS!!

      El individuo vio a Lynthia y a Henir corriendo por las calles.

      ???: ¡¡¡NOS VOLVEMOS A ENCONTRAR!!! ¡¡¡¡¡¡TODO ALMACENADO!!!!!

      Lynthia: ¡Oye! ¿¡¡Qué hay del pacto!!?

      ???: ¿CÓMO SERÁ ROBARLE LA RESONANCIA A UN ÁNGEL, EH?

      Lynthia miró a Henir.

      ???: ¡AHORA!

      El individuo tocó unos botones de la máquina, e hizo que el efecto de arrastre se focalizara en un solo lado.
      La luz agarró a Lynthia.

      Henir: ¡Lynthia!

      Henir dio un salto y se colocó frente a la guardiana de Paso del Ave utilizando un escudo proyectado, evitando que su Resonancia fuera succionada.

      ???: ¡ESTÚPIDA MÁQUINA! ¡¡SE ESTÁ QUEDANDO SIN BATERÍA!!

      La máquina iba perdiendo potencia. El individuo escapó en dirección oeste, detonando la máquina desde la distancia.

      ???: Adiós, ángel. Pronto todo estará perdido.

      Henir quedó arrodillado en el suelo tras haber utilizado tanta energía.

      Sabio Daniel: Vienen a por nosotros.

      Henir: Oye... Lynthia...

      Lynthia: Me da igual. Vamos, tenemos que volver a casa cuanto antes... Hay que salvarlos...

      Henir: (¿Tilith? No entiendo nada...)

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